El truco del teletrabajo: más gente trabaja en remoto que con el Covid, pero solo afecta al 6% de los asalariados

Els teletreballadors ocasionals superen per primera vegada els habituals.

teA los llamamientos a la vuelta a la oficina en todo el mundo, el teletrabajo ha respondido con un sorprendente récord de 3,3 millones de ocupados que "trabajan en su domicilio particular" en 2024, un 15,37% del total. Un dato anual que supera los 3,03 millones de 2021, cuando se anotó una tasa del 15,27%. Pero la lectura de estas cifras tiene demasiados matices. Para empezar, solo un 50,8% de estos ocupados en remoto lo hacen más de la mitad de los días de la semana. Además, el dato incluye a los autónomos, que no tienen las mismas características que los teletrabajadores por cuenta ajena. En la práctica, solo 1,18 millones de asalariados son 'verdaderos' teletrabajadores, y se quedan en un 6,24% del total.

Desde que la pandemia y los confinamientos lo convirtieron en la única vía para que muchas empresas (entre ellas los propios medios de comunicación) mantuvieran la actividad, el teletrabajo se ha convertido en un campo de batalla para las relaciones laborales, la negociación colectiva, los acuerdos políticos y, cómo no, el marketing. Pasó de ser la nueva realidad a un experimento fracasado y costoso del que acabaron renegando incluso los gigantes tecnológicos. En el fragor de la dialéctica, daba igual lo que mostraban los datos.

Este miércoles, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicaba las variables de submuestra de la Encuesta de Población Activa, que entre otros datos recoge la media anual de personas que trabajan desde casa. No incluye otros tipos de teletrabajo, como el de los profesionales que recurren a espacios de 'coworking' o durante un viaje, pero al ser el único dato disponible es el que se utiliza como la referencia oficial más actualizada (otras fuentes como la Encuesta Anual Laboral que acaba de publica el Ministerio de Trabajo usan datos de 2023). Desde 2020 el INE publica estos mismos datos de manera trimestral, pero para hacer un análisis histórico se tiene que recurrir a las variables, que se remontan a 2006.

Dicho esto, lo que se aprecia es que la tasa de teletrabajo (en promedio de los cuatro trimestres del año) ha alcanzado un máximo histórico con un 15,37%. Los asalariados aportan un 10,76%, también récord. Los autónomos el restante un 4,61%, un dato inferior al 5,08% alcanzado en 2021. Hablamos de 2,33 millones de trabajadores por cuenta propia y 998.100 por cuenta propia. Desde 2021 unos han crecido un 15,24%, los otros han descendido un 0,88%.

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El teletrabajo entre los autónomos ha tenido un comportamiento muy estable. En 2024 lo practicaban el 31,27% de ellos, frente al 30,21% de 2019, lo que apunta a que no han vivido esta 'revolución' con mucha intensidad. Pero entre los asalariados se ha disparado: marcan un 12,61%, frente al 4,12% de hace seis años.

Visto así, el tirón se debe a los trabajadores por cuenta ajena, que parecen desafiar la presión de las empresas para volver a la oficina. O eso es lo que interpretan algunos defensores de esta modalidad. La realidad es algo más compleja. Y la clave es que la composición del teletrabajo también ha variado: en los años previos a la pandemia la media de los teletrabajadores reales (más de la mitad de los días) era del 58%. En pandemia se disparó al 72%, pero en 2023 y 2024 ha caído por debajo del 51%.

Esto implica un auge de la denominada "jornada híbrida" que consiste en conceder uno o dos días de teletrabajo a la semana, o, más habitualmente, como medida de "flexibilidad laboral". Aunque la realidad es que su auge responde más bien a causas económicas. Entre los autónomos ha pasado de suponer el 44% del teletrabajo antes de la pandemia al 46% (aunque en 2023 se elevó al 53%). Pero entre los asalariados se ha disparado del 37,7% al 50,6%.

El hecho de el teletrabajo esté en niveles más altos que antes de la pandemia se explica por el desarrollo tecnológico y que muchas empresas han visto que tiene ventajas para sus procesos productivos, aunque el porcentaje de la que lo aplican siga siendo reducido, inferior al 15% en 2023 según los datos de la Encuesta Anual Laboral. Pero si se aplica de manera ocasional significa que una parte de ellas lo hace por otro motivo.

Esto apunta algo a lo que muchos expertos llevan tiempo advirtiendo: más de la mitad de las empresas no adoptan la fórmula del teletrabajo porque consideran que es la forma más productiva ni más adecuada para organizar sus plantillas, sino porque es una suerte de 'premio' o incentivo laboral a sus trabajadores, como puede ser cualquier otro. Una concesión que se mantiene siempre que no suponga un lastre económico.

Un teletrabajo más caro

Evidentemente, el teletrabajo tiene ventajas para las finanzas del empleado, empezando por los gastos de transporte, pero también costes. Y es que los gastos en los que incurre la empresa si trabaja en oficina (equipo, luz, climatización...) corren de su cuenta. Esto es algo que la vicepresidenta del gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, intentó remediar pactando con patronal y sindicatos una nueva legislación sobre el teletrabajo que establecía un baremo: si la jornada en teletrabajo superaba el 30%, el empleador debía asumirlos.

¿Cuál ha sido la consecuencia? Que en 2024, por primera vez, los teletrabajadores híbridos superaron a los regulares: 1,18 millones, que suponen un 6,38% del total y su máximo histórico, frente a los 1,15% de los que lo hacen más de dos días a la semana y aportan un 6,24%. Un porcentaje muy inferior al 9,36% de 2020 y al 7,7% de 2021.

No solo eso: es la primera vez en la serie histórica que los teletrabajadores ocasionales superan a los habituales (que se quedan en el 49,4% de los empelados en remoto)

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Así las cosas, nos encontramos con un escenario que no casa con ninguno de los 'bandos' a favor o en contra del teletrabajo. Esa modalidad ha ganado de manera indudable porque cada vez más empresas lo aplican a sus plantillas. En ello, como decíamos, influye las mejoras tecnológicas y de conectividad, así como una adaptación de los procesos productivos y de organización. Lo que contrasta con las voces que dan por muerto al teletrabajo en España.

Algo difícil de entender cuando su peso en el empleo se ha casi duplicado desde la pandemia para el conjunto de los ocupados (del 8,29% de 2019 al 15,37% en 2024) y se ha multiplicado por tres para los asalariados (del 4,19% al 12,62%).

Pero tampoco se ha convertido todavía la revolución que cambiará el mercado laboral, los procesos productivos y transformará nuestra economía. Para empezar, llega a menos de 13 de cada 100 asalariados, lo que responde al hecho d que hay muchas tareas que no pueden realizarse en remoto, sobre todo en un pais con un tejido productivo como el nuestro con elevado peso de los servicios de bajo valor añadido (como hostelería y comercio) pero en el que tampoco el trabajo en la industria, la construcción o la logistica pueden optar por esta modalidad.

Un anzuelo para no subir sueldos

En la actualidad, el teletrabajo se limita a los denominadas trabajos de oficina o de escritorio. Pero en este grupo se incluyen los profesionales mejor cualificados (abogados, financieros, desarrolladores de software) y los cargos directivos. Es decir, los más demandados y mejor pagados. Esto explica que el teletrabajo se haya convertido en un tema muy relevante en el ámbito de los recursos humanos, ya que la promesa de 'flexibilidad' adicional es una forma de atraer talento cuando no se puede competir en sueldo. Teniendo en cuenta que hemos atravesado dos años de crisis inflacionaria

Esto explica uno de los riesgos que afronta el teletrabajo en España: la reducción de jornada. Como hemos contado en elEconomista.es muchas empresas empiezan a plantearse recorta r o eliminar las jornadas híbridas para compensa el descenso de horas trabajadas. Una prueba más de que bastantes empleadores no ven el teletrabajo como una mejora productiva sino como una simple concesión a sus empleados de una jornada 'a medio gas'.

En todo caso, el teletrabajo es una realidad que avanza pero sigue muy lejos de convertirse en el gran dinamizador de la economía y el empleo que algunos profetizaban hace años. De hecho, los estudios de los efectos en la productividad en España son inexistentes, más allá de las encuestas ad hoc realizadas a empresarios y trabajadores (una metodología que se basa en percepciones, no en la medición estandarizada de la productividad).

En ese sentido, lo que decide a las empresas a adoptar o no esta fórmula es la relación entre el coste de implantarla y el beneficio al obtenerla. Si en algunos casos será rentable al atraer y retener mejores profesionales sin incrementar los costes salariales, en otros la compañía se puede encontrar con que su factura de bienes de equipo se duplica por mantener una oficina física y a la vez abonar los gastos del trabajo en casa. Una disyuntiva que se tiene que evaluar caso por caso y, sobre todo, con los pies pegados en la tierra.

 

Javier Esteban

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Font
elEconomista.es
Tipus
Notícies dels mitjans de comunicació